Educar a los niños y forjar su carácter

ninoLa causa esencial de la perversidad es la ignorancia y, por lo tanto, debemos aferrarnos a las herramientas de la percepción y el conocimiento. El buen carácter debe ser enseñado.

Abdu’l-Bahá

“El buen carácter debe ser enseñado”. Abdu’l-Bahá se refiere a tres tipos de carácter: el heredado, el innato y el adquirido, relativo a la educación y enseñanzas de los padres.

Los cimientos del carácter se establecen a temprana edad, durante el período de crianza y educación que transcurre bajo la guía de la madre, la primera educadora del niño. Otras etapas también contribuyen a la forja del carácter, pero no de manera tan decisiva.

El hecho de que la madre sea el primer maestro del niño no debería sorprenderle, dado que la orientación primaria del infante es hacia la madre. Esta provisión de la naturaleza no disminuye en manera alguna el rol del padre en la familia bahá’í. Nuevamente, igualdad de posición no significa identidad de funciones. C.U.J.

Las bases del carácter adquirido se ponen a través de la íntima interacción existente entre la madre y su bebé. Aparentemente el bebé es pasivo y la madre activa; el bebé está indefenso y tiene muchas necesidades, mientras que la madre puede hacer cosas y ama a su hijo, por lo que atiende dichas necesidades. Cuando el bebé llora, la madre investiga la causa de su inquietud  o insatisfacción. Ella alimenta, lava, sea y mantiene límpio a ese inerme ser humano; lo envuelve en afecto y ternura.

Al observar la interacción entre madre e hijo, vemos que, en realidad, el niño es muy activo al provocar un cierto comportamiento en la madre. Llora si su madre está distraída o pendiente de otros asuntos, retoza de placer si ella se siente orgullosa y alegre al atender sus necesidades, es insistente si nota que así ella lo hará todo más deprisa; y si ella no parece preocuparse por él, se impacienta y enferma…o se hunde en la depresión y en la apatía, alertando así sobre sus necesidades a un circulo más amplio, que puede englobar al padre, a los abuelos o al médico.

De este modo, el niño adquiere un carácter sereno y paciente, o bien enérgico y orientado al logro de ciertos objetivos. Estará abatido u optimista según como sea su interacción con su madre y de acuerdo a sus necesidades. Puede ser básicamente amistoso y equilibrado, o volverse consentido, egocéntrico, tratando de llamar la atención de manera constante, sin sentirse jamás satisfecho. Puede aprender a manipular a los demás, en vez de disfrutar dando y recibiendo. Puede usar el encanto o la presión en sus propósitos de satisfacción de sus necesidades. Puede sentirse herido y volverse vengativo, o encerrarse en su propio mundo, desconectado de la realidad, recreándose en sus propios pensamientos y actividades, sin desear ningún intercambio con el mundo exterior.

Todas estas reacciones están muy vinculadas a la actitud de la madre, aunque ella pueda tener la sensación de que “solo” alimenta, lava, cuida y protege a su pequeño. si es consciente de lo que hace al educar y criar a su hijo, llegará a comprender las delicadas interacciones existentes entre ella y su bebé, no sólo en el plano físico, sino también en el psicológico. No le disgustarán las tareas pesadas, la aparente rutina y las monótonas actividades relacionadas con el niño, y así le será más fácil conservar la paciencia y la satisfacción. Tendrá una visión global de la importancia de esa etapa inicial en su relación con su hijo y sabrá su valor como base sólida para el futuro de dicha relación y de la vida futura del niño.

No sólo para una madre es importante tener una buena preparación y poder entender la trascendencia de este período vital; el padre también debería comprender esta etapa. Si desea contribuir al bienestar de madre e hijo, se enorgullecerá de que se sientan cómodos, tranquilos y felices, sabiendo que más adelante él se relacionará de manera más directa con el niño.

Es vital que la sociedad entienda esta etapa esencial de la vida de un niño, de modo que pueda fomentar, en todos los sentidos, la formación de su carácter. Debe proteger este particular período de la educación, así como animar y preparar a las madres para que entiendan su importancia, de manera que no les afecten actitudes negativas o desdeñosas que parten de ciertos sectores de la sociedad en referencia al cuidado y crianza de los hijos en sus primeros años de vida.

Continuará….

Dra. Agnes Gaznaví – Psiquiatra-La Familia: Manual de reparaciones

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La hospitalidad

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Foto: M. Capllonch

 “Mi hogar es el hogar de la paz. Mi hogar es el hogar de la alegría y el deleite. Mi hogar es el hogar de la risa y el regocijo. 

Quienquiera traspase los portales de esta casa, debe salir con un corazón alegre. Éste es el hogar de la luz; quienquiera entre aquí, debe quedar iluminado”.  

‘Abdu’l-Bahá

La hospitalidad es, en cierto modo, el vínculo entre el hogar y el mundo en general, bajo la forma de un flujo de gente. En algunas familias puede ser un simple goteo de buenos amigos y miembros de la familia, en ocasiones especiales como los cumpleaños o Navidad. En otras familias, los niños traen siempre a comer a un amigo, el padre viene con amigos y colegas y la madre puede ser miembro de un club que se reúne en su casa o invita a sus propias compañeras de trabajo.

En parte, la hospitalidad consiste en compartir, no sólo en el aspecto material, sino también en el espiritual: el ambiente y las cualidades de los miembros de la familia. Aprender es otra de sus facetas: “mirar por la ventana” para saber cómo vive otra familia, es un privilegio y un beneficio para los huéspedes. También es un ingrediente de la hospitalidad el ofrecer todo lo que podemos con el deseo de compartir, servir y vivir experiencias conjuntas.

Ser hospitalario en el hogar es una manera muy importante de aprender cómo es el mundo exterior. La gente trae al hogar otras costumbres, opiniones y modos de hacer las cosas, y  tanto los niños como los adultos  amplían sus horizontes en una creciente comprensióm del mundo de los seres humanos.

¿Qué ocurre en aquellas familias en las que la hospitalidad se limita a la propia familia y a los más intimos o a los  viejos amigos? Los niños aprenden a moverse solamente en un ámbito de relaciones restringido; no se acostumbran a otros caracteres, modales y puntos de vista, y tienden a mirar al mundo exterior a través de las estrechas miras de su familia. A la larga, aunque la familia sea sofisticada, intelectual y refinada, estos niños conservan una visión del mundo bastante ingenua: ¡se ha abierto un orificio muy pequeño en la puerta y sólo pueden atisbar el esterior!

¿Acaso no queremos que nuestros hijos comprendan a tanta gente como sea posible? ¿Qué se sientan a gusto en cualquier situación? ¿Qué sean dueños de sus sentimientos y capaces de adaptar sus puntos de vista? ¿Y no se deberá todo eso a la educación que se les dio cuando se les mostró qué es la verdadera hospitalidad?

Los niños no se van con rodeos en sus relaciones. Lo que la gente aprende durante la niñez sigue siendo siempre simple y directo a sus ojos. Por ello, es deseable que los niños aprendan a ver a todos los seres humanos como miembros de una gran familia. De esta forma se sentirán a gusto y como en su propia casa dentro de la familia humana y junto a todos y cada uno de sus miembros.

Dra. Agnes Ghaznavi – La familia, manual de reparaciones

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