La hospitalidad

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Foto: M. Capllonch

 “Mi hogar es el hogar de la paz. Mi hogar es el hogar de la alegría y el deleite. Mi hogar es el hogar de la risa y el regocijo. 

Quienquiera traspase los portales de esta casa, debe salir con un corazón alegre. Éste es el hogar de la luz; quienquiera entre aquí, debe quedar iluminado”.  

‘Abdu’l-Bahá

La hospitalidad es, en cierto modo, el vínculo entre el hogar y el mundo en general, bajo la forma de un flujo de gente. En algunas familias puede ser un simple goteo de buenos amigos y miembros de la familia, en ocasiones especiales como los cumpleaños o Navidad. En otras familias, los niños traen siempre a comer a un amigo, el padre viene con amigos y colegas y la madre puede ser miembro de un club que se reúne en su casa o invita a sus propias compañeras de trabajo.

En parte, la hospitalidad consiste en compartir, no sólo en el aspecto material, sino también en el espiritual: el ambiente y las cualidades de los miembros de la familia. Aprender es otra de sus facetas: “mirar por la ventana” para saber cómo vive otra familia, es un privilegio y un beneficio para los huéspedes. También es un ingrediente de la hospitalidad el ofrecer todo lo que podemos con el deseo de compartir, servir y vivir experiencias conjuntas.

Ser hospitalario en el hogar es una manera muy importante de aprender cómo es el mundo exterior. La gente trae al hogar otras costumbres, opiniones y modos de hacer las cosas, y  tanto los niños como los adultos  amplían sus horizontes en una creciente comprensióm del mundo de los seres humanos.

¿Qué ocurre en aquellas familias en las que la hospitalidad se limita a la propia familia y a los más intimos o a los  viejos amigos? Los niños aprenden a moverse solamente en un ámbito de relaciones restringido; no se acostumbran a otros caracteres, modales y puntos de vista, y tienden a mirar al mundo exterior a través de las estrechas miras de su familia. A la larga, aunque la familia sea sofisticada, intelectual y refinada, estos niños conservan una visión del mundo bastante ingenua: ¡se ha abierto un orificio muy pequeño en la puerta y sólo pueden atisbar el esterior!

¿Acaso no queremos que nuestros hijos comprendan a tanta gente como sea posible? ¿Qué se sientan a gusto en cualquier situación? ¿Qué sean dueños de sus sentimientos y capaces de adaptar sus puntos de vista? ¿Y no se deberá todo eso a la educación que se les dio cuando se les mostró qué es la verdadera hospitalidad?

Los niños no se van con rodeos en sus relaciones. Lo que la gente aprende durante la niñez sigue siendo siempre simple y directo a sus ojos. Por ello, es deseable que los niños aprendan a ver a todos los seres humanos como miembros de una gran familia. De esta forma se sentirán a gusto y como en su propia casa dentro de la familia humana y junto a todos y cada uno de sus miembros.

Dra. Agnes Ghaznavi – La familia, manual de reparaciones

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