Ser padres

maryrocasFoto: Cala Agulla – Mallorca

Ser padres

Ser padres no es una materia que se enseñe en nuestros tiempos, ni por tradición ni en la escuela.Estudiamos matemáticas, astronomía, lengua, fotografía y arte, pero las actividades esenciales de la vida -cómo amar y cuidar a alguien, cómo fundar, educar y mantener una familia, cómo ser padres de unos hijos que están creciendo –  tenemos que aprenderlas en la práctica, probando ideas y tomando nota de nuestros errores. En el pasado, cuando los niños crecían en familias numerosas y criaban a sus propios hijos bajo el mismo techo daba por sentado que ciertos conocimientos debían tranmitirse de manera tradicional. En la actualidad, todo es más complicado; las familias son más reducidas, no hay concenso y mucha gente no tiene una experiencia auténtica sobre las diversas etapas de la vida familiar. Sin duda, a las generaciones venideras se les enseñará a ser buenos padres y podrán transmitir estos conocimientos.

En general, hoy en día se está de acuerdo en que el amor y los cuidados son esenciales a la hora de ser padres. Sin embargo, hay algo que es igual de importante y no siempre se reconoce como tal: la unidad. Lo que la mayor parte de la gente entiende por unidad es que una persona debe someterse a otra; pero esto no es unidad: es conformidad, un modo estéril de afrontar la realidad. La unidad es un método creativo de convertir las cualidades y actitudes de ambos padres en un sistema único e innovador de tratar a sus hijos. Los padres que viven esta clase de unidad son capaces de educar a sus hijos sin necesidad de muchas palabras y esfuerzos, es decir, mucho mejor que aquellos padres que realizan tremendos esfuerzos, se preocupan, hablan, regañan, gritan…cada uno por su lado, sin unidad. El ejemplo silencioso de la unidad es, por sí mismo, un excelnte educador.

Los educadores tienen la tarea de fomentar las cualidades y suprimir los malos hábitos. La manera más eficaz es dando un ejemplo vivo de dichas cualidades (sólo hay cualidades positivas; los defectos son carencias de cualidades). Cada familia, cada pareja de padres, transmite su propio conjunto de cualidades. Así se forja la riqueza de la Humanidad y lo específico de cada familia y de cada individuo.

De todas formas, es importante que las cualidades estén equilibradas. Si sólo se transmiten conocimientos técnicos y no conocimientos humanos, se creará un desequilibrio en el carácter y en la manera de vivir de los niños. Si sólo se transmite amor, pero no las habilidades de carácter práctico como la preparación y la organización, el niño será encantador pero totalmente indefenso en su vida de adulto. Si se considera que sólo la aptitud para el arte y la ciencia son necesarios, más no las cualidades humanas que fomentan las buenas relaciones, el niño estará en desventaja allá donde vaya, pues las relaciones son la base de la sociedad humana. 

Ser padres de un hijo , educarlo para que llegue a ser un ser humano útil, humanitario y abierto a la espiritualidad, es un gran regalo para el mundo. (…)

Un elemmento esencial es aceptar por completo la manera de ser progenitor que tiene el otro miembro de la pareja. Muy a menudo, uno de los padres es mejor educador en temas de moral, o en conocimientos técnicos y científicos, o en otras materias, y tiende a corregir de manera incesante a su cónyuge. Esta actitud es muy perjudicial; mina la autoridad del otro progenitor al tiempo que se pone a sí mismo en un pedestal. Hace depender a los hijos de uno mismo, en vez de permitirles que establezcan relaciones con amos padres de acuerdo a cada situación, edad y necesidades. Un educador tan dominante debería reflexionar y decidir dar al educador y progenitor menos dotado la oportunidad de desarrollar su capacidad de ser padre y de hacerlo muy bien. De lo contrario, ese excelente educador verá, al cabo de diez o quince años, que su dominante actitud de superioridad ha perjudicado a los niños de tal manera que no han podido hacerse una imagen positiva del otro progenitor. Hoy en día, en nuesta sociedad, esto suele ocurrir muy a menudo entre las mujeres, que creen saber mucho sobre cómo educar a los hijos que sus maridos. ¿No sería mejor fomentar la capacidad de ser padres en sus maridos, en vez de desanimarlos en una cuestión tan importante?

Deberíamos ser conscientes de que los niños son perfectamente capaces de escoger lo que necesitan, si son libres para hacerlo; elegirán los aspectos positivos de sus padres, siempre y cuando éstos permanezcan unidos, comprendiendo y aceptando esta libertad esencial a la que todos tenemos derecho: educar de acuerdo a los conocimientos y preferencias propios.

Un ejemplo de ello (aunque extremo) puede ayudarnos a aclarar la cuestión. En las familias con un padre alcohólico y una madre moralista, las niñas suelen admirar en secreto a su padre pese a saber que su madre es moralmente superior. El problema radica en que la madre es autoritaria en su relación con su padre; le critica abiertamente sus defectos y su propia personalidad. La hija, sensible a la pelea conyugal, se pone de parte del padre y llega a la errónea conclusión de que las cualidades de su padre deben de ser buenas, lo que resulta fatal cuando le llega la hora de escoger a su marido y educar a sus propios hijos.

¿Es una buena actitud admirar las debilidades?¿No sería mejor que la niña pudiese amar abiertamente a ambos progenitores, y elegir libremente las cualidades positivas de cada uno de ellos? Esta libertad de elección sólo puede darse cuando los padres se esfuerzan por mantener la unidad.

Agnes Gaznaví – Psiquiatra, La Familia: Manual de Reparaciones

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