Afecto

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Entre los variopintos aspectos del amor, el afecto parece ser muy importante a los ojos de Abdu’l-Bahá (quien era la encarnación del afecto por todas las criaturas). …Si el amor en forma de pasión es esa efusiva fuerza vital que parece contener la energía de cambiar y volver a crear relaciones, el afecto puede compararse con el agua corriente de una fuerza distinta: la que sostiene y persevera. Es el tipo cálido del amor, una fuente de dulce calor que no exige nada a cambio.

La pasión parece desear una respuesta: ¿me quieres….o me rechazas? El afecto parece querer contestar. Confía en tí, deposita su fuerza reconfortante y permanece para que lo utilices. Puedes absorberlo y no hacer nada durante días y años, o puedes abrasarte con su calor. También puedes dejar que te sostenga en tus actividades. Puedes responder al mismo con ese mismo calor. Sin embargo, no parece existir ninguna exigencia de que respondas, correspondas o redobles los esfuerzos, o con una lluvia de amor.

Comparado con un torrente que mana de las rocas con chorros de pasión, el afecto es la fase siguiente, en la que las aguas se deslizan bajo la fresca sombra de los árboles, crían pececillos y truchas y chapotean entre los pedruscos en tranquilos remansos. La corriente central es fuerte y mantenida, pero junto a la orilla el agua se adapta al bosque, los rápidos y los bancos de arena.

Si la pasión es una fuerza que conquista y abandona, el afecto aporta una fuerza contínua a ambos miembros de la pareja y todo cuanto crezca a su alrededor.

El afecto está relacionado con cualidades tales como la paciencia: no parece agotar su energía; por el contrario invoca poderes más profundos de la vida, como la paciencia para sostener sin solicitar nada a cambio.

La persona afectuosa, sin ser masoquista ni sentirse frustada o exasperada, parece encontrar una recompensa en el acto de dar en vez de recibir; entre los enamorados parece existir un acuerdo secreto de que se devuelve algo: puede ser como un guiño, un codazo de complicidad, o incluso tres semanas más tarde, cuando ha terminado el período de tensión y es posible volver a las carantoñas.

Cuando una pareja ha dejado atrás el gran ímpetu de la pasión y sale de la fase de rechazo, desesperación, frustación y/o carencia de amor, parecen querer avanzar, de forma natural, hacia el afecto.

El afecto está firmemente unido a la vida. Está basado en la atracción mutua, en una relación segura. Ya no hay forcejeos por ver quién es más fuerte, quién domina y quién se somete. Es un vínculo sólido en el que ambos saben que ya no tiene sentido conquistar ni saquear la ciudadela antes de abandonarla a los elementos de la destrucción, que demasiado a menudo son la cara negativa de la pasión.

Si a veces la pasión puede compararse con el impulso animal en su forma humana, el afecto está claramente en el plano humano. Es cómodo utilizar todo tipo de mensajes como una mirada o un gesto: ¡ no están pensados para conquistar!

El afecto no conoce el abuso: ha alcanzado las altitudes en que el abuso ni se menciona ni se piensa. Cada miembro de la pareja hace su aportación cuando el otro le falta una cualidad o la fuerza de continuar en pos de su visión común. Ambos tejen sus pensamientos y sentimientos, sus visiones e iniciativas, en el mismo tejido.

Dra. Agnes Gaznaví – Psiquiatra

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