Castidad

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Todas las grandes religiones enseñan la castidad y la elogian como una virtud. Sin embargo, es una virtud desacreditada en la permisiva sociedad de los últimos años. Hoy en día, en parte como respuesta a la epidemia del sida y también, quizás, porque el péndulo ya ha llegado al extremo, la castidad comienza a tomarse en serio otra vez en el mundo occidental.

Para muchos padres, esto suena bien en principio y como teoría general. Pueden incluso defender la castidad en sus enseñanzas a sus hijos adolescentes…

Una de las dificultades es que, en la práctica, la sociedad ha establecido normas diferentes para hombres y mujeres. En general, a los hombres se les consideraba libres de conquistar mujeres y, por consiguiente, no sólo se les permitía sino que se les animaba a “tener experiencias” y saber a quién elegir si tenían el matrimonio como objetivo. En cambio, la mujer elegida debía ser pura y casta.

Se suponía que las mujeres debían permanecer puras, incluso inocentes, excepto aquellas que rompían la norma y se unían a los hombres en el juego de la conquista…¡pero éstas no eran de la clase de mujeres con las que un hombre debía casarse!

Por tanto, los chicos recibían instrucciones sobre cómo conquistar a las mujeres. Con la ayuda del padre, la madre, hermanos, hermanas y amigos en el gran juego de probar su valor como hombres (un juego que no tenía el menor sentimiento hacia la persona “conquistada”), los chicos eran presionados por la rivalidad con sus compañeros y la necesidad de probar su supuesta virilidad. De las chicas, en cambio, se esperaba que reprimiesen sus percepciones del erotismo y permaneciesen controladas y subyugadas mediante instrucciones sobre como mantenerse puras y a salvo de la lujuria masculina. De nuevo, padres, madres, hermanas, hermanos y amigas unían sus fuerzas en este esfuerzo de contrapeso.

Esta doble norma de la educación -que por supuesto, es algo imposible lógicamente -ha causado la neurosis individual y social (mala adaptación a la realidad) que culmina en una tremenda degeneración – homosexualidad, rechazo e incapacidad de compromiso con el matrimonio y la familia, estados morbosos de neurosis, depresión y ansiedad – o en el rechazo absoluto a aceptarla, rompiendo así con la tradición y a menudo enfrentándose con los deseos de los padres, en busca de una nueva norma y un nuevo concepto, mejor adaptado a la realidad moderna.

Hoy en día, las consecuencias de la doble norma, además de su profunda influencia en la sociedad, es la distorsión del carácter en las vidas de los individuos:

Las mujeres acaban por rebelarse contra una práctica injusta. O terminan en una rebelión abierta, haciendo imposible su desarrollo en la sociedad y como compañeras, aireando sus agravios y, en consecuencia, teniendo que afrontar una áspera reacción de mucha gente, tanto en sus familias como entre los varones en general; o reprimen su rebelión contra la injusticia, pero entonces se deprimen o torturan a causa de la división entre la revuelta interior y la summisión exterior, lo cual suele mutilar su personalidad de por vida. Los hombres desarrollan una actitud agresiva y superior hacia el otro sexo y, finalmente se vuelven insensibles no sólo hacia las mujeres, sino hacia la vida en general: hacia el sufrimiento, los indigentes, los pobres, las víctimas de la opresión, o los afligidos y desesperados.

¿Dónde podemos encontrar valores que sanen esta situación y respondan a las necesidades de la era moderna?

Continuará….

Dra. Agnes Ghaznaví

Una respuesta to “Castidad”

  1. catinur Says:

    Para Lale:
    Esto es lo que piensa la Dra. Psiquiatra Agnes Gaznaví, que ha escrito este artículo en su libro: Sexualidad, relaciones y crecimiento espiritual.

    La Fe Bahá’í dice que todos deben observar la más pura castidad pues el sexo está reservado exclusivamente dentro del matrimonio.

    Gracias por visitar nuestra web.


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