Fortaleciendo la unión matrimonial

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“…No cometáis lo que contamine la límpida corriente del amor o destruya la dulce fragancia de la amistad. ¡Por la rectitud del Señor! Habéis sido creados para mostrar amor el uno por el otro y no perversidad y rencor. No os enorgullezcáis en el amor por vosotros mismos, sino en el amor por vuestros congéneres.” Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 161

“Esforzaos entonces, con alma y corazón, por vivir el uno con el otro como dos palomas en el nido, pues ello es estar bendecidos en ambos mundos.” Selección de escritos de Abdu’l-Bahá, pag. 124

“Una lengua amable es el imán del corazón de los hombres. Es el pan del espíritu, reviste de significado las palabras, es fuente de la luz de la sabiduría y el entendimiento.” Pasajes de Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 192

“La consulta familiar, que recurra a un diálogo completo y franco y esté animada por la certeza de la necesidad de actuar con moderación y equilibrio, puede ser la panacea para los conflictos familiares. Para que tal consulta sea efectiva, además de franca, moderada y equilibrada debe caracterizarse por el respeto mutuo y la igualdad.” CUJ, La Santidad del matrimonio bahá’í, pág. 25

“Cuando se presenten diferencias, consultad juntos y en secreto, para que otros no aumenten el grano de polvo hasta convertirlo en una montaña. No guardéis en vuestros corazones resentimiento alguno, más bien explicad su naturaleza uno al otro con tanta franqueza y comprensión que desaparezca sin dejar ningún recuerdo.” ‘Abdu’l-Bahá, Tabla del Matrimonio, Oración, meditación y Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 76

“La Justicia Divina exige que los derechos de ambos sexos sean igualmente respetados puesto que ninguno de los dos es superior ante los ojos de Dios. La dignidad ante Dios depende, no del sexo, sino de la pureza y luminosidad del corazón.” La sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, pág. 155

“Todos los miembros de una familia tienen deberes y responsabilidades mutuas, y hacia la familia como un todo, y estos deberes y responsabilidades varían de un miembro a otro debido a sus relaciones naturales. Los padres tienen el deber ineludible de educar a sus hijos, pero no viceversa; los hijos tienen el deber de obedecer a sus padres, los padres no obedecen a los hijos; la madre -no el padre- da a luz a los hijos, los alimenta en la infancia y por ello es la primera educadora… La tarea de criar a un hijo bahá’í… es la principal responsabilidad de la madre, cuyo principal privilegio es, en verdad, crear en su hogar tales condiciones que mejor conduzcan tanto al bienestar y progreso material como espiritual del mismo. La educación que el niño recibe a través de su madre constituye la base más sólida para su desarrollo futuro.” CUJ Vida Familiar, pág. 59

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