Educar a los niños y forjar su carácter

ninoLa causa esencial de la perversidad es la ignorancia y, por lo tanto, debemos aferrarnos a las herramientas de la percepción y el conocimiento. El buen carácter debe ser enseñado.

Abdu’l-Bahá

“El buen carácter debe ser enseñado”. Abdu’l-Bahá se refiere a tres tipos de carácter: el heredado, el innato y el adquirido, relativo a la educación y enseñanzas de los padres.

Los cimientos del carácter se establecen a temprana edad, durante el período de crianza y educación que transcurre bajo la guía de la madre, la primera educadora del niño. Otras etapas también contribuyen a la forja del carácter, pero no de manera tan decisiva.

El hecho de que la madre sea el primer maestro del niño no debería sorprenderle, dado que la orientación primaria del infante es hacia la madre. Esta provisión de la naturaleza no disminuye en manera alguna el rol del padre en la familia bahá’í. Nuevamente, igualdad de posición no significa identidad de funciones. C.U.J.

Las bases del carácter adquirido se ponen a través de la íntima interacción existente entre la madre y su bebé. Aparentemente el bebé es pasivo y la madre activa; el bebé está indefenso y tiene muchas necesidades, mientras que la madre puede hacer cosas y ama a su hijo, por lo que atiende dichas necesidades. Cuando el bebé llora, la madre investiga la causa de su inquietud  o insatisfacción. Ella alimenta, lava, sea y mantiene límpio a ese inerme ser humano; lo envuelve en afecto y ternura.

Al observar la interacción entre madre e hijo, vemos que, en realidad, el niño es muy activo al provocar un cierto comportamiento en la madre. Llora si su madre está distraída o pendiente de otros asuntos, retoza de placer si ella se siente orgullosa y alegre al atender sus necesidades, es insistente si nota que así ella lo hará todo más deprisa; y si ella no parece preocuparse por él, se impacienta y enferma…o se hunde en la depresión y en la apatía, alertando así sobre sus necesidades a un circulo más amplio, que puede englobar al padre, a los abuelos o al médico.

De este modo, el niño adquiere un carácter sereno y paciente, o bien enérgico y orientado al logro de ciertos objetivos. Estará abatido u optimista según como sea su interacción con su madre y de acuerdo a sus necesidades. Puede ser básicamente amistoso y equilibrado, o volverse consentido, egocéntrico, tratando de llamar la atención de manera constante, sin sentirse jamás satisfecho. Puede aprender a manipular a los demás, en vez de disfrutar dando y recibiendo. Puede usar el encanto o la presión en sus propósitos de satisfacción de sus necesidades. Puede sentirse herido y volverse vengativo, o encerrarse en su propio mundo, desconectado de la realidad, recreándose en sus propios pensamientos y actividades, sin desear ningún intercambio con el mundo exterior.

Todas estas reacciones están muy vinculadas a la actitud de la madre, aunque ella pueda tener la sensación de que “solo” alimenta, lava, cuida y protege a su pequeño. si es consciente de lo que hace al educar y criar a su hijo, llegará a comprender las delicadas interacciones existentes entre ella y su bebé, no sólo en el plano físico, sino también en el psicológico. No le disgustarán las tareas pesadas, la aparente rutina y las monótonas actividades relacionadas con el niño, y así le será más fácil conservar la paciencia y la satisfacción. Tendrá una visión global de la importancia de esa etapa inicial en su relación con su hijo y sabrá su valor como base sólida para el futuro de dicha relación y de la vida futura del niño.

No sólo para una madre es importante tener una buena preparación y poder entender la trascendencia de este período vital; el padre también debería comprender esta etapa. Si desea contribuir al bienestar de madre e hijo, se enorgullecerá de que se sientan cómodos, tranquilos y felices, sabiendo que más adelante él se relacionará de manera más directa con el niño.

Es vital que la sociedad entienda esta etapa esencial de la vida de un niño, de modo que pueda fomentar, en todos los sentidos, la formación de su carácter. Debe proteger este particular período de la educación, así como animar y preparar a las madres para que entiendan su importancia, de manera que no les afecten actitudes negativas o desdeñosas que parten de ciertos sectores de la sociedad en referencia al cuidado y crianza de los hijos en sus primeros años de vida.

Continuará….

Dra. Agnes Gaznaví – Psiquiatra-La Familia: Manual de reparaciones

La actitud bahá’í hacia el matrimonio y el divorcio

398250_out_by_the_seaside_3Foto de Internet

La actitud bahá’í hacia el matrimonio y el divorcio

Es necesario considerar el tema del divorcio dentro del marco del concepto bahá’í del matrimonio. Bahá’u’lláh vino para traer unidad al mundo, y el vínculo entre esposos es una unidad fundamental. ‘Abdu’l-Bahá describe el matrimonio como “una relación verdadera” una “comunión” espiritual y física, una “unión” que “perdurará en todos los mundos de Dios”. Él se refiere a los esposos como “dos íntimos amigos” y asegura que si viven en unidad pasarán a través de este mundo en perfecta dicha, felicidad y paz del corazón, y llegarán a ser objeto de la gracia divina y del favor divino en el Reino del Cielo.

Shoghi Effendi, en cartas escritas en su nombre, se refirió al matrimonio como una “institución divina” y “el vínculo más sagrado e indivible” que “debería conducir a una profunda amistad espiritual, la cual perdurará en el mundo venidero”.

“La armonía, la unidad y el amor” son descritos como “los más altos ideales en las relaciones humanas” Por consiguiente, se observa que dondequiera que exista una familia bahá’í deberían hacerse todos los esfuerzos por conservarla. El matrimonio y la vida familiar tienen “una función social” vitalmente importante: la perpetuación de la raza humana y la preservación del orden social.

Las Enseñanzas Bahá’ís permiten el divorcio pero desalientan firmemente su práctica. Shoghi Effendi indica que Bahá’u’lláh “lo ha permitido sólo como último recurso pero lo condena severamene”. Él notó que en los creyentes existía una tendencia a ser  afectados por las influencias culturales prevalecientes “que tan rápidamente están destryendo la vida hogareña y la belleza de las relaciones familiares, y desgarando la estructura moral de la sociedad”. Él condenó la ” sociedad actual” por ser “criminalmente laxa con respecto a la naturaleza sagrada del matrimonio” y exhortó a los amigos a “combatir asiduamente esta tendencia”. Por tanto, es útil examinar más de cerca las declaraciones de las Escrituras, para obtener un entendimiento más profundo de la actitud bahá’í hacia el divorcio e identificar las formas de detener su creciente marea.

La seria naturaleza del divorcio es gráficamente transmitida por las Escrituras Bahá’ís . Por ejemplo, en el Kitáb-i-Aqdas, Bahá’u’lláh expresa que “Dios…aborrece la separación y el divorcio”, en tanto que ‘Abdu’l-Bahá explica que si una de las partes se vuelve causa del divorcio, ese, incuestionablemente, caerá en grandes dificultades, se convertirá en víctima de calamidades formidables y experimentará un profundo remordimiento.

Si bien el divorcio no está prohibido en la Fe Bahá’í, “es desaprobado muy fuertemente”. Cartas escritas en nombre de Shoghi Effendi indican que el divorcio “se desaconseja, se desaprueba y es contrario a la Voluntad de Dios”. Es considerado “un acto censurable” y se pide a los creyentes “hacer un esfuerzo casi sobrehumano para no permitir que un matrimonio bahá’í se disuelva”. El divorcio, pues, es considerado como “un último recurso que debe evitarse si es humanamente posible”.     

Tanto el marido como la mujer tienen el derecho de pedir el divorcio si sienten que “es absolutamente esencial hacerlo. El secretario de Shoghi Effendi, escribiendo en su nombre, indicó que aunque es permisible, “sólo bajo circunstancias muy excepcionales o intolerables el divorcio podría ser aconsejado para los bahá’ís”, y que los creyentes deben recurrir al divorcio “sólo cuando todos los esfuerzos para evitarlo han sido inútiles y sin resultado”. En este contexto, también se debe reconocer que el mero hecho de que Bahá’u’láh haya permitido el divorcio es “una indicación de que en ciertas circunstancias es inevitable”.

Continuará…

Del librito La Santidad del Matrimonio Bahá’í

Departamento de Investigación de la Casa Universal de Justicia 

Editorial Bahá’í de España – Traducción Manuel Caballero

Publicado en Blogroll, Divorcio. Comentarios desactivados en La actitud bahá’í hacia el matrimonio y el divorcio

La hospitalidad

rosa-rosa

Foto: M. Capllonch

 “Mi hogar es el hogar de la paz. Mi hogar es el hogar de la alegría y el deleite. Mi hogar es el hogar de la risa y el regocijo. 

Quienquiera traspase los portales de esta casa, debe salir con un corazón alegre. Éste es el hogar de la luz; quienquiera entre aquí, debe quedar iluminado”.  

‘Abdu’l-Bahá

La hospitalidad es, en cierto modo, el vínculo entre el hogar y el mundo en general, bajo la forma de un flujo de gente. En algunas familias puede ser un simple goteo de buenos amigos y miembros de la familia, en ocasiones especiales como los cumpleaños o Navidad. En otras familias, los niños traen siempre a comer a un amigo, el padre viene con amigos y colegas y la madre puede ser miembro de un club que se reúne en su casa o invita a sus propias compañeras de trabajo.

En parte, la hospitalidad consiste en compartir, no sólo en el aspecto material, sino también en el espiritual: el ambiente y las cualidades de los miembros de la familia. Aprender es otra de sus facetas: “mirar por la ventana” para saber cómo vive otra familia, es un privilegio y un beneficio para los huéspedes. También es un ingrediente de la hospitalidad el ofrecer todo lo que podemos con el deseo de compartir, servir y vivir experiencias conjuntas.

Ser hospitalario en el hogar es una manera muy importante de aprender cómo es el mundo exterior. La gente trae al hogar otras costumbres, opiniones y modos de hacer las cosas, y  tanto los niños como los adultos  amplían sus horizontes en una creciente comprensióm del mundo de los seres humanos.

¿Qué ocurre en aquellas familias en las que la hospitalidad se limita a la propia familia y a los más intimos o a los  viejos amigos? Los niños aprenden a moverse solamente en un ámbito de relaciones restringido; no se acostumbran a otros caracteres, modales y puntos de vista, y tienden a mirar al mundo exterior a través de las estrechas miras de su familia. A la larga, aunque la familia sea sofisticada, intelectual y refinada, estos niños conservan una visión del mundo bastante ingenua: ¡se ha abierto un orificio muy pequeño en la puerta y sólo pueden atisbar el esterior!

¿Acaso no queremos que nuestros hijos comprendan a tanta gente como sea posible? ¿Qué se sientan a gusto en cualquier situación? ¿Qué sean dueños de sus sentimientos y capaces de adaptar sus puntos de vista? ¿Y no se deberá todo eso a la educación que se les dio cuando se les mostró qué es la verdadera hospitalidad?

Los niños no se van con rodeos en sus relaciones. Lo que la gente aprende durante la niñez sigue siendo siempre simple y directo a sus ojos. Por ello, es deseable que los niños aprendan a ver a todos los seres humanos como miembros de una gran familia. De esta forma se sentirán a gusto y como en su propia casa dentro de la familia humana y junto a todos y cada uno de sus miembros.

Dra. Agnes Ghaznavi – La familia, manual de reparaciones

Publicado en Blogroll, Educación hijos, Vida Familiar. Comentarios desactivados en La hospitalidad

Ser padres

maryrocasFoto: Cala Agulla – Mallorca

Ser padres

Ser padres no es una materia que se enseñe en nuestros tiempos, ni por tradición ni en la escuela.Estudiamos matemáticas, astronomía, lengua, fotografía y arte, pero las actividades esenciales de la vida -cómo amar y cuidar a alguien, cómo fundar, educar y mantener una familia, cómo ser padres de unos hijos que están creciendo –  tenemos que aprenderlas en la práctica, probando ideas y tomando nota de nuestros errores. En el pasado, cuando los niños crecían en familias numerosas y criaban a sus propios hijos bajo el mismo techo daba por sentado que ciertos conocimientos debían tranmitirse de manera tradicional. En la actualidad, todo es más complicado; las familias son más reducidas, no hay concenso y mucha gente no tiene una experiencia auténtica sobre las diversas etapas de la vida familiar. Sin duda, a las generaciones venideras se les enseñará a ser buenos padres y podrán transmitir estos conocimientos.

En general, hoy en día se está de acuerdo en que el amor y los cuidados son esenciales a la hora de ser padres. Sin embargo, hay algo que es igual de importante y no siempre se reconoce como tal: la unidad. Lo que la mayor parte de la gente entiende por unidad es que una persona debe someterse a otra; pero esto no es unidad: es conformidad, un modo estéril de afrontar la realidad. La unidad es un método creativo de convertir las cualidades y actitudes de ambos padres en un sistema único e innovador de tratar a sus hijos. Los padres que viven esta clase de unidad son capaces de educar a sus hijos sin necesidad de muchas palabras y esfuerzos, es decir, mucho mejor que aquellos padres que realizan tremendos esfuerzos, se preocupan, hablan, regañan, gritan…cada uno por su lado, sin unidad. El ejemplo silencioso de la unidad es, por sí mismo, un excelnte educador.

Los educadores tienen la tarea de fomentar las cualidades y suprimir los malos hábitos. La manera más eficaz es dando un ejemplo vivo de dichas cualidades (sólo hay cualidades positivas; los defectos son carencias de cualidades). Cada familia, cada pareja de padres, transmite su propio conjunto de cualidades. Así se forja la riqueza de la Humanidad y lo específico de cada familia y de cada individuo.

De todas formas, es importante que las cualidades estén equilibradas. Si sólo se transmiten conocimientos técnicos y no conocimientos humanos, se creará un desequilibrio en el carácter y en la manera de vivir de los niños. Si sólo se transmite amor, pero no las habilidades de carácter práctico como la preparación y la organización, el niño será encantador pero totalmente indefenso en su vida de adulto. Si se considera que sólo la aptitud para el arte y la ciencia son necesarios, más no las cualidades humanas que fomentan las buenas relaciones, el niño estará en desventaja allá donde vaya, pues las relaciones son la base de la sociedad humana. 

Ser padres de un hijo , educarlo para que llegue a ser un ser humano útil, humanitario y abierto a la espiritualidad, es un gran regalo para el mundo. (…)

Un elemmento esencial es aceptar por completo la manera de ser progenitor que tiene el otro miembro de la pareja. Muy a menudo, uno de los padres es mejor educador en temas de moral, o en conocimientos técnicos y científicos, o en otras materias, y tiende a corregir de manera incesante a su cónyuge. Esta actitud es muy perjudicial; mina la autoridad del otro progenitor al tiempo que se pone a sí mismo en un pedestal. Hace depender a los hijos de uno mismo, en vez de permitirles que establezcan relaciones con amos padres de acuerdo a cada situación, edad y necesidades. Un educador tan dominante debería reflexionar y decidir dar al educador y progenitor menos dotado la oportunidad de desarrollar su capacidad de ser padre y de hacerlo muy bien. De lo contrario, ese excelente educador verá, al cabo de diez o quince años, que su dominante actitud de superioridad ha perjudicado a los niños de tal manera que no han podido hacerse una imagen positiva del otro progenitor. Hoy en día, en nuesta sociedad, esto suele ocurrir muy a menudo entre las mujeres, que creen saber mucho sobre cómo educar a los hijos que sus maridos. ¿No sería mejor fomentar la capacidad de ser padres en sus maridos, en vez de desanimarlos en una cuestión tan importante?

Deberíamos ser conscientes de que los niños son perfectamente capaces de escoger lo que necesitan, si son libres para hacerlo; elegirán los aspectos positivos de sus padres, siempre y cuando éstos permanezcan unidos, comprendiendo y aceptando esta libertad esencial a la que todos tenemos derecho: educar de acuerdo a los conocimientos y preferencias propios.

Un ejemplo de ello (aunque extremo) puede ayudarnos a aclarar la cuestión. En las familias con un padre alcohólico y una madre moralista, las niñas suelen admirar en secreto a su padre pese a saber que su madre es moralmente superior. El problema radica en que la madre es autoritaria en su relación con su padre; le critica abiertamente sus defectos y su propia personalidad. La hija, sensible a la pelea conyugal, se pone de parte del padre y llega a la errónea conclusión de que las cualidades de su padre deben de ser buenas, lo que resulta fatal cuando le llega la hora de escoger a su marido y educar a sus propios hijos.

¿Es una buena actitud admirar las debilidades?¿No sería mejor que la niña pudiese amar abiertamente a ambos progenitores, y elegir libremente las cualidades positivas de cada uno de ellos? Esta libertad de elección sólo puede darse cuando los padres se esfuerzan por mantener la unidad.

Agnes Gaznaví – Psiquiatra, La Familia: Manual de Reparaciones

Publicado en Blogroll, Hijos - Padres, Vida Familiar. Comentarios desactivados en Ser padres

La comunicación como modelo para el cuerpo y la mente

 

patos

” La consulta familiar recurriendo a un diálogo completo y franco y animados por la certeza de la necesidad de obrar con moderación y equilibrio, puede ser la panacea para los conflictos familiares”.  C.U.J.

La comunicación como modelo para el cuerpo y la mente

Muchas personas creen que la sexualidad humana sigue modelos animales.

Apenas comprenden que un ser humano es -o debería ser – una criatura en la que los valores , y las elaboraciones de la mente y las emociones, prevalecen sobre la programación primitiva de los instintos animales. Si hubiesen estudiado la historia de la evolución de nuestro cerebro y hubieran comprendido su inmenso potencial y sus poderes superiores, demasiado a menudo infrautilizados, reconocerían con los científicos y sexólogos modernos que el ser humano, incluso en su actividad sexual, se compone sólo en un grado menor de lo que podemos llamar instinto o “pulsión”, y en mucha mayor medida está guiado por operaciones mentales tales como educación, los valores, la tradición, la cultura, los tabúes, el deseo de oponerse, de destruir, de amar y de apreciar.

La comunicación, en un sentido amplio de la palabra, no es sólo una operación verbal, sino que usa muchos otros medios más efectivos. El lenguaje corporal es uno de los métodos de comunicación universalmente entendidos…¡siempre y cuando los signos y los gestos se interpreten de la misma manera!.

Hoy en día, cada vez más personas de los países llamados civilizados han llegado a valorar la comunicación verbal sólo con un interés relativo: ¡suele desconfiarse de ella, sobre todo entre los jóvenes!.

En muchas culturas no occidentales, los enunciados verbales se valoran respeto al trasfondo de otros instrumentos tales como el gesto, la mímica o el silencio. Además, las personas todavía dotadas de la sensibilidad, la intuición y la sabiduría de la experiencia y la tradición que surgen de una filosofía de la vida imbuida de un sentimiento religioso, evaluarán la comunicación verbal respeto a este trasfondo más amplio y conseguirán una comunicación más completa que quienes sólo dependen de las palabras.

Las ciencias sistémicas modernas han enunciado la máxima de que los seres humanos no pueden evitar comunicarse: ¡aunque esté en silencio, un ser humano está comunicándose todo el tiempo! Como he descubierto, un terapeuta sentado frente a un cliente puede comunicarse a través de una mímica sensitiva indicando que está siguiendo lo que dice el cliente con comprensión y sentimiento, ¡o bien lo está desaprobando! (…)

En la actividad sexual, un ser humano debe utilizar muchos de sus modos de comunicación para transmitir mensajes complejos a su pareja. En la vida sexual, un ser humano utiliza su cuerpo de maneras diferentes, integrando modalidades de acción y percepción automáticas, semiautomáticas y conscientes. No sólo son los deseos y las decisiones individuales los que salen a la luz, sino también patrones culturales transmitidos a través de las épocas y las generaciones. La sabiduría familiar, los tabúes de varias generaciones, las percepciones vinculadas, por ejemplo, a la influencia de los medios de comunicación o a un intenso intercambio con los amigos, los padres, la autoridad o las normas culturales…Todos estos modos y conceptos diversificados (y generalmente insconcientes, o vagamente semiconscientes) forman una especie de fondo de las formas de expresión sexual del individuo. La persona puede estar armonizada, o en rebelión, o totalmente inhibida por las modalidades transmitidas a través de la tradición o la educación, el ejemplo o los medios de comunicación.

La esencia de toda esta cuestión es que la sexualidad es la expresión de la elección de un individuo en el contexto de algo mucho mayor. Los mensajes inconscientes de la tradición y la educación tienen un gran impacto. Ninguno es mayor que la imagen totalmente confusa que la mayoría de la gente tiene del aspecto ético y moral que subyace en todas las actividades humanas, y que nace en gran medida de la religión y la cultura. En una época de desintegración de los valores morales y éticos y de decadencia general, la sexualidad no puede ser algo sencillo para los seres humanos.

Es paradójico que mucha gente desea ser liberal en su actividad sexual, pero se encuentra atrapada entre tabúes o prohibiciones que no puede entender ni aceptar. (…)

Los valores éticos sensatos coherentes con la vida moderna, son la mejor ayuda para los jóvenes. Encuentro a gente joven dotada con un conocimiento superior (comparado con el de sus mayores)   de la necesidad de un sistema moral y ético coherente subyacente a las relaciones sexuales. Están totalmente deseosos de adaptar las situaciones de su vida a ese sistema, ya que esta visión está basada en la realidad, la lógica y la sensatez en todos sus aspectos.

Dra. Agnes Gaznavi , del libro: La sexualidad, relaciones y crecimiento espiritual

Publicado en Blogroll, Comunicación, Noviazgo, Vida Familiar. Comentarios desactivados en La comunicación como modelo para el cuerpo y la mente

Decálogo de la felicidad conyugal

cielo-rosa2

Dos personas que unen sus vidas por amor, tendrán mayores garantías de estabilidad y de felicidad en la medida en que hagan realidad en su vida los siguientes 10 principios:

Cultivad lo mejor de vosotros mismos para un mayor crecimiento personal. El matrimonio no destruye al individuo.

Mostraos siempre tal como sois, sin temor a mostrar la propia fragilidad y vulnerabilidad.

Sed empáticos al máximo, procurando ver las cosas desde el punto de vista del otro. En esto consiste la verdadera comprensión.

No pretendáis corregir los defectos del otro sin antes reconocer sus virtudes. Pensad que nadie es perfecto.

El mutuo respeto en el presente es la base de la felicidad en el futuro. La dignidad de las persona es el mayor valor del hombre.

La complementariedad no basta; hace falta la afinidad en gustos y objetivos para entenderos plenamente. Lo semejante atrae a lo semejante.

Mantened la unidad de criterios en la educación de vuestros hijos. No los utilicéis nunca como medios para vuestros fines.

Tomad la decisión de amaros todos los días. En el amor siempre es posible crecer.

Reconoced privada y públicamente las cualidades de vuestro cónyuge, pues ello contribuye a aumentar su autoestima.

Cuidad vuestro amor con obras. Reducirlo al puro sentimiento es exponerlo a que se agote fácilmente.

Bernabé Tierno en el libro: La fuerza del amor

Vida en común

              
VIDA EN COMUN

 

 

La mayoría de nosotros hemos crecido creyendo en los cuentos de hadas. Soñábamos con el día en que aparecería nuestro “príncipe azul”, nos enamoraríamos y terminaríamos casándonos y siendo felices para siempre. Y ahí, justo donde acaban los cuentos de hadas, empieza la vida en común de la pareja. Nunca llegamos a saber cómo les fue a Cenicienta y a Blancanieves con sus Príncipes. En realidad,  uno no conoce a la otra persona hasta que vive con ella.

Al comenzar la vida en común pueden aparecer los primeros síntomas de desilusión y desencanto y ambos cónyuges vivir con cierta sorpresa el hecho de que en la intimidad cada uno ponga de manifiesto las características mas inmaduras y regresivas de sí mismo. Mientras duró el noviazgo posiblemente la pareja estuvo tan cerca que no podían verse el otro lado, aquella parte oscura y no resuelta de uno mismo, que por cierto existe en todas las personas. Así, comienzan a salir a la luz, en busca de una buena resolución los conflictos internos derivados de la propia familia.

 

La integridad de los lazos familiares debe ser objeto de constante atención, y no han de vulnerarse los derechos de sus integrantes.

‘Abdu’l-Bahá, Promulgación pág.168

 

Muchas personas cuando se enamoran en el fondo esperan que su pareja satisfaga las esperanzas insatisfechas y los anhelos frustrados. De alguna manera se le pide al compañero, se le exige más bien, aquello que no se recibió de los propios padres y de él se espera  inconscientemente que las “repare”, ya que se supone que si nos ama ha de saber lo que necesitamos y tiene que satisfacernos en todo momento. Pero realmente ….

 

Cada uno de nosotros es responsable de una sola vida, y es la nuestra.

Shoghi Efendi. Vivir la vida

 

Sucede a menudo en las parejas que, precisamente aquellos cuyos padres no consiguieron resolver satisfactoriamente la dialéctica del matrimonio tienen mayores expectativas hacia su cónyuge y experimentan de forma más dolorosa la sensación de haber sido defraudado o traicionado.

Comprender de qué modo el pasado afecta a nuestras relaciones actuales nos libera y ayuda a aceptar mejor las turbulencias y vaivenes del amor. Clarificar los sentimientos, motivaciones, expectativas y  la dinámica inconsciente de cada uno; aceptar al otro como es y no como nos gustaría que fuera, sin sobrecargarle de los propios miedos y dificultades, y responsabilizarse de las propias necesidades y deseos; todo esto, que no es poco por cierto, forma parte del proceso de convertirse en una pareja sana y funcional.

El superar la crisis de desencanto del principio de la vida en común, el “caer del guindo” y “aterrizar” supone acabar con esas expectativas idealizadas que tenemos sobre el amor, el compañero y la relación de pareja, y da lugar a un amor más maduro y realista. En la práctica el camino para llegar a conseguirlo pasaría por empezar a hablar desde el “yo”: quiero…, necesito…, temo…, anhelo…; expresar las propias confusiones y miedos, comunicar los deseos y fantasías, hacerse responsable de las propias dificultades y carencias, y a la vez, permitir al compañero y darle la oportunidad de que haga lo mismo. A cada uno le corresponde conocerse  o como dice la siguiente cita:

 

…El hombre debe conocer su propio ser y conocer aquello que lleva a la elevación o a la vileza, a la vergüenza o al honor, a la prosperidad o a la pobreza.

Bahá’u’lláh. The Bahá’i World, pág. 167

 

Cuando los recién casados inician la convivencia deben establecer diferentes acuerdos. Tienen que encontrar nuevas maneras de relacionarse con las familias de origen respectivas, los amigos, los aspectos prácticos de la vida en común, etc. En el proceso de elaboración de los acuerdos pueden surgir diferencias, unas veces grandes y otras más pequeñas,  que de forma explícita o sobreentendida han de resolverse. Las decisiones que se toman tienen mucho que ver con lo que cada uno aprendió en su familia de origen, e incluso en ocasiones, pueden verse afectadas por la excesiva ligazón con los padres. De todos es sabido la diferencia que hay entre la idea que se tiene del matrimonio antes de casarse al hecho de pasar por la experiencia real.

Así mismo, la pareja debe elaborar el modo de encarar los desacuerdos, que inevitablemente surgen en la convivencia. Al principio, se tiende a evitar las discusiones y las críticas abiertas para no herir al cónyuge y así romper la armonía. Más adelante, es posible que al estar irritados puedan verse envueltos en una pelea. En algunas parejas hay temas que no acaban de resolverse y van quedando “aparcados”, entonces puede suceder que la pelea se inicie por cosas sin importancia,  cuando en el fondo,  el motivo principal de la discusión sea por estas cuestiones a las que no se ha encontrado solución. Así, se va elaborando la manera de resolver los desacuerdos y de clarificar cuestiones. Algunas veces la pareja no encuentra soluciones satisfactorias  para uno de ellos o para ambos y esto trae consigo un cierto malestar. Es en este período, cuando los cónyuges pueden aprender a usar tanto el poder de la imposición como el poder manipulativo de la debilidad y la enfermedad.

 

Sin embargo, en todo grupo, por muy amorosa que sea la consulta, de tiempo en tiempo han de surgir puntos irresolubles de desacuerdo. Por otro lado no caben mayorías allá donde sólo entran a decidir dos partes, como sucede entre esposos…

Carta de la CUJ a la AEN de Nueva Zelanda 28/12/80

 

 

A menudo y de forma alterna se tiene que ceder ante determinadas situaciones y realmente la capacidad de abordar las diferencias estabiliza y mejora la calidad del matrimonio. Las diferencias son, en un principio, lo que nos atrae de la otra persona y posteriormente, en ocasiones, estas mismas  pueden  percibirse como una amenaza a la unidad de la pareja. En el fondo, las diferencias son oportunidades para crecer y  nos enriquecen. Aceptarlas, y al mismo tiempo disfrutar de ellas, implica respeto y valoración de uno mismo y del compañero. El reto del matrimonio es encontrar la manera de resolver nuestras diferencias constructivamente. El equilibrio de poder en la pareja es importante y el quid de la cuestión es encontrar un equilibrio satisfactorio para ambos.

La pareja afrontará con éxito las continuas adaptaciones que implica la convivencia si son capaces de hablar de sus dificultades, si se enfrentan a ellas en lugar de rehuirlas, si se apoyan  mutuamente en vez de recriminarse, si logran hacer pactos satisfactorios para ambos, etc. Si todo esto sucede la relación de pareja será buena y gratificante, de lo contrario habrá continuas quejas, discusiones, reproches y malestar, situación que, a la larga, puede llegar a deteriorar a la pareja.

Seamos realistas y librémonos del mito de la pareja perfecta. Un matrimonio feliz no surge por arte de magia, como en los cuentos de hadas,  y tampoco basta un intercambio de promesas conyugales para crear un estado de amor y satisfacción total. El matrimonio no está exento de fragilidad y en su proceso evolutivo atraviesa diversas crisis, crisis que son más llevaderas si la pareja es flexible, es decir, si consigue adaptarse a las diferentes circunstancias cambiantes. Para formar un buen matrimonio la pareja ha de construir un “nosotros” en el que estén plenamente integrados el “yo” y el “tú”.  El objetivo primordial es lograr una relación más profunda y madura.

 

En resumen, la atracción y la armonía de las cosas son la causa de la producción de los frutos y de resultados útiles, en tanto que la repulsión y la falta de armonía entre las cosas son la causa de perturbaciones y de la aniquilación.

‘Abdu’l-Bahá, Bahá’i World Faith, pág. 295

 Maria Ferrer- Psicóloga

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.